El infinito Cosmos del SER




En este proceso de avance y aprendizaje para conectarnos a nuestro hermoso interior, pasan incontables experiencias. Una de ellas, podría describirse como el regreso de un largo viaje. Que al reencontrarnos con el entorno y con las personas que dejamos al partir, notamos que ya nada parece igual... Tras esa sensación, iniciamos una búsqueda incansable de causas. Y lo primero que hacemos, es buscar en lo externo las razones de ese cambio experimentado. ¿No es así? Con ese sondeo del entorno y de las personas, terminamos no solo agotados sino insatisfechos, y nos desbocamos aun más creando situaciones poco reales. 

En efecto, nos acostumbramos a buscar en el otro, en lo otro…nos acostumbramos a buscar entornos que brinden estabilidad, seguridad emocional y así como ese retorno del largo viaje buscamos incansablemente llenar los vacíos. Vivimos en una perenne búsqueda de paz y felicidad. Y sin darnos cuenta llenamos maletas tan pesadas que hacen imposible llegar al aeropuerto del SER. Permanecer en esa forma de suministrarnos paz y alegrías en otros y de otros, pasa a ser una felicidad que se desploma y se desvanece como las burbujas de jabón, y más aún, cuando los otros y ese entorno son producto de nuestra mente, producto de pensamientos que proyectan un mundo falso, ansioso, repleto de novelas de caminos y un sin fin de sinsabores. 

Visto desde otra perspectiva, quedaría intuir, que los sujetos de nuestro ego se unen y se transforman una y otra vez para que percibamos que nada esta afuera, estos sujetos del ego buscan es auxiliarnos, si, aunque siempre nos indiquen que es el ego quien nos lanza a un mundo desencontrado. 

Desde esa perspectiva del aeropuerto del SER; no quedaría otra que pensar que el ego desea incansablemente que intuyamos que por mucho persistir e insistir en obtener en el otro la paz y la felicidad, el llorar o sufrir, o por más que nos atormentemos, al final tendemos a perder aquello que se ansía. Quizás se ansía y se retiene porque se ama y por creerlo nuestro, quizás pueda ser cierto que sí amamos eso que ansiamos, pero lo que si es cierto, que lo que más hacemos en nuestra vida de apegos, es realmente querer…querer y querer, que es retener una y otra vez, sea como sea, a las personas, circunstancias, más, por nuestra propia ansiedad de querer, que es un ego muy orgulloso que busca no sólo dominar y manipular tanto fuera como dentro de nosotros. 

Esta forma de alcanzar la felicidad, el éxito y las oportunidades lleva a crear poco a poco una telaraña, con un pasmoso entretejido con hilos de críticas, lamentos, remordimientos, dolor, castigo, auto compasión, envidias, tormentos, quejas, aburrimiento, en fin... con este ir y venir de ansiedades, emociones y sentimientos que colisionados entre ellos, nos arrojan lenta e irremediablemente a la pérdida de fuerza y de energía, convirtiéndonos aunque usted no lo crea… en nuestro propio vampiro energético, y allí, sin darnos cuenta pasamos largo tiempo, quizás… como ahora… hemos dejado de ocuparnos para preocuparnos que otros hagan y así vamos por la vida, dando tumbos en búsqueda de la felicidad. Disolvemos como vampiros nuestra energía a manera de pompas de jabón que en un instante dejan de brillar subyugados al limbo de las emociones. 

Indudablemente existen los vampiros energéticos que absorben nuestra energía, pero tan bien es cierto, que si pasamos un largo trayecto lamentando, criticando, destruyendo, buscando afuera lo que debe florecer en el interior. Así.. ¡Quien no se auto vampiriza!. Pues buscamos amor y felicidad, sin fomentarnos amor, sin valorarnos a nosotros mismos. Buscamos afuera la solución “perfecta” de vida y felicidad, buscando que otros solucionen lo que por ley divina toca a cada uno. Buscamos libertad afuera… y nos condenamos por nuestras ansiedades, emociones y sentimientos. 

Al pararnos bajo la perspectiva del SER, podríamos hasta cierto modo, justificar las razones por las cuales los sujetos de nuestro ego nos lanzan a experiencias repetitivas, pues… un ego descarrilado y descentrado es el pase perfecto a un mundo de desencuentros. 

Decidir dar un vuelco a nuestra vida, es deshilar los hilos de esa telaraña de pensamientos negativos, es tejer con hilos de amor, de perdón, misericordia y compasión, es forjar pensamientos positivos, es asumir que cada acción mueve o retiene la rueda de nuestra fortuna. Es contemplar desde nuestro interior sin aferrarnos, es viajar ilimitadamente por el infinito Cosmos del SER.

 
                                                                                                                  ...MEBA... 

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