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Es cuestión de actitud

Cada persona tiene una personalidad que le es única y la define, que con el paso de los años se va formando junto a las diferentes experiencias que marcan su vida. 

En ese trayecto de la vida te das cuenta que los pensamientos son los ladrillos con los que construyes la fortaleza de tu personalidad. Pues cada pensamiento forja tu destino, forja incluso tu actitud ante la vida. El mundo que te rodea es el fiel reflejo de cada uno de tus pensamientos.

La actitud de la Sra., Jones:

La pequeña, bien perfumada y orgullosa anciana de 78 años, completamente vestida cada mañana a las 8 en punto, con su cabello arreglado a la moda y el maquillaje perfectamente aplicado, se muda hoy a un asilo. Lo que motivó la mudanza fue la muerte reciente de su esposo a los 80. Después de muchas horas de esperar pacientemente en el recibidor del nuevo asilo, sonrió dulcemente, cuando se le dijo que su cuarto estaba listo. Mientras se desplazaba con su andador hacia el elevador, le dieron una descripción detallada de su pequeño cuarto, incluyendo las cortinas que colgaban de su ventana.

"Me encanta", afirmó, con el entusiasmo de un niño de 8 años al que le acaban de entregar una nueva mascota.

"Sra. Jones, no ha visto el cuarto, espere".

"Eso no importa", respondió.

"La felicidad es algo que decides con el tiempo. Si me gusta o no mi cuarto, no depende de cómo estén arreglados los muebles, depende de cómo arregle mi mente." "Ya he decidido que me gusta. Es una decisión que hago cada mañana, cuando me levanto. Puedo elegir: pasar el día en la cama, repasando las dificultades que tengo con las partes de mi cuerpo que no funcionan, o salir de la cama y estar agradecida por las que sí funcionan". "Cada día es un regalo, y mientras se abran mis ojos pensaré en el nuevo día y en los recuerdos felices que he almacenado sólo por ésta vez en mi vida". (Anónimo).

La actitud ante la vida es una pequeña cosa que puede hacer una gran diferencia. Si algo no te agrada, cámbialo; si no lo puedes cambiar, cambia la forma en que piensas sobre ello.

Recuerda: tus creencias, tus pensamientos tienen el poder de crear o el poder de destruir. Elige transformar cualquier experiencia creándole un significado positivo de crecimiento. Tienes el poder de transformar aquello que te afecta en algo que te realce tu existencia. Tú eliges!  Tienes el poder de elevarte, el poder para oprimir, el poder de maldecir y el poder de bendecir.

“Una actitud positiva provoca una reacción en cadena de pensamientos, eventos y resultados. Es un catalizador y desata extraordinarios resultados” Wade Boggs.

Nuestras creencias sobre lo que somos y lo que podemos hacer, determinan precisamente lo que podemos ser – Anthony Robbins

 

El ego y su escondite

 


Érase una vez un niño que descubrió el arte de esconderse tan perfectamente que resultaba imposible encontrarlo.

Un día se enteró de que andaba buscándole su papá para llevarlo al odontólogo, a él no le gustaba ir, y entonces decidió esconderse en el lugar que había encontrado. Su papá no lo pudo encontrar, de modo que lo dejó en paz y se regresó a la oficina. Pero no por mucho tiempo, porque, conocía a su hijo, y se le ocurrió un ingenioso truco.

Regresó de nuevo y dijo: Mi hijo es un genio, desapareció, logró esconderse muy bien, tan perfectamente que no lo puedo encontrar, sin embargo, hoy le tengo una sorpresa y lástima que no la vaya a disfrutar

El niño pegó un salto ¡cual sorpresa papá!: ¿Dónde está mi sorpresa? Justamente aquí, respondió el papá mientras tomaba al niño y se lo llevaba consigo.

...Meba...

"Todo lo que hace falta para descubrir al 'ego' 
es una palabra de adulación o de crítica".

 

El consejo del águila

 


Alberto era un hombre joven cuyo hijo había nacido recientemente y era la primera vez que sentía la experiencia de ser papá.
 
Un buen día le dieron ganas de entrar en contacto con la naturaleza, pues a partir del nacimiento de su bebé todo lo veía hermoso y aun el ruido de una hoja al caer le sonaba a lindas notas musicales.
 
Así fue que decidió ir a un bosque; quería oír el canto de los pájaros y disfrutar toda la belleza.
 
Caminaba plácidamente respirando la humedad que hay en estos lugares, cuando de repente vio posada en una rama a un águila que lo sorprendió por la belleza de su plumaje.
 
El águila también había tenido la alegría de recibir a sus polluelos y tenía como objetivo llegar hasta el río más cercano, capturar un pez y llevarlo a su nido como alimento; pues significaba una responsabilidad muy grande criar y formar a sus aguiluchos para enfrentar los retos que la vida ofrece.
 
El águila al notar la presencia de Alberto lo miró fijamente y le preguntó: "¿A dónde te diriges buen hombre? Veo en tus ojos la alegría" por lo que Alberto le contestó: "es que ha nacido mi hijo y he venido al bosque a disfrutar, pero la verdad me siento un poco confundido".
 
El águila insistió: "Oye, ¿y qué piensas hacer con tu hijo?".
 
Alberto le contestó: "Ah, pues ahora y desde ahora, siempre lo voy a proteger, le daré de comer y jamás permitiré que pase frío. Yo me encargaré de que tenga todo lo que necesite, y día con día yo seré quien lo cubra de las inclemencias del tiempo; lo defenderé de los enemigos que pueda tener y nunca dejaré que pase situaciones difíciles".
 
"Es mi hijo, lo amo. No permitiré que mi hijo pase necesidades como yo las pasé, nunca dejaré que eso suceda, porque para eso estoy aquí, para que él nunca se esfuerce por nada".
 
Y para finalizar agregó: "Yo como su padre, seré fuerte como un oso, y con la potencia de mis brazos lo rodearé, lo abrazaré y nunca dejaré que nada ni nadie lo perturbe".
 
El águila no salía de su asombro, atónita lo escuchaba y no daba crédito a lo que había oído. Entonces, respirando muy hondo y sacudiendo su enorme plumaje, lo miró fijamente y dijo:
 
"Escúchame bien buen hombre. Cuando recibí el mandato de la naturaleza para empollar mis hijos, también recibí el mandato de construir mi nido, un nido confortable, seguro, a buen resguardo de los depredadores, pero también le he puesto ramas con muchas espinas ¿y sabes por qué? porque aún cuando estas espinas están cubiertas por plumas, algún día, cuando mis polluelos hayan emplumado y sean fuertes para volar, haré desaparecer todo este confort, y ellos ya no podrán habitar sobre las espinas, eso les obligará a construir su propio nido".
 
"Todo el valle será para ellos, siempre y cuando realicen su propio esfuerzo para conquistarlo con todo, sus montañas, sus ríos llenos de peces y praderas llenas de conejos".
 
"Si yo los abrazara como un oso, reprimiría sus aspiraciones y deseos de ser ellos mismos, destruiría irremisiblemente su individualidad y haría de ellos individuos indolentes, sin ánimo de luchar, ni alegría de vivir".
 
"Tarde que temprano lloraría mi error, pues ver a mis aguiluchos convertidos en ridículos representantes de su especie me llenaría de remordimiento y gran vergüenza, pues tendría que cosechar la impertinencia de mis actos, viendo a mi descendencia imposibilitada para tener sus propios triunfos, fracasos y errores, porque yo quise resolver todos sus problemas".
 
"Yo, amigo mío", continuó el águila, "podría jurarte que después de Dios he de amar a mis hijos por sobre todas las cosas, pero también he de prometer que nunca seré su cómplice en la superficialidad de su inmadurez, he de entender su juventud, pero no participaré de sus excesos, me he de esmerar en conocer sus cualidades, pero también sus defectos y nunca permitiré que abusen de mí en aras de este amor que les profeso".
 
El águila calló y Alberto no supo qué decir, pues seguía confundido, y mientras entraba en una profunda reflexión, ésta, con gran majestuosidad levantó el vuelo y se perdió en el horizonte.
 
Alberto empezó a caminar mientras miraba fijamente el follaje seco disperso en el suelo, sólo pensaba en lo equivocado que estaba y el terrible error que iba a cometer al darle a su hijo el abrazo del oso.
 
Reconfortado, siguió caminando, solo pensaba en llegar a casa, con amor abrazar a su bebé, pensando que abrazarlo solo sería por segundos, ya que el pequeño empezaba a tener la necesidad de su propia libertad para mover piernas y brazos, sin que ningún oso protector se lo impidiera.
 
A partir de ese día, Alberto empezó a prepararse para ser el mejor de los padres.

...Meba...


 QUIEN MIRA HACIA AFUERA, SUEÑA.
QUIEN MIRA HACIA ADENTRO, DESPIERTA"
CARL JUNG

Alguien me contó



Un filósofo oriental contaba que en una ocasión que iba de viaje por la costa, decidió descansar en una playa muy bonita. Un buen día salía de paseo por la playa y a lo lejos diviso a quien le pareció un bailarín, lo que llamo profundamente su atención, pues le era difícil encontrar alguien que bailara tan animadamente solo al compás de la música de las olas.

A medida que se acercó, logro ver que lo que en realidad sucedía era que el personaje recogía de la playa una estrella de mar, luego corría hacia el mar y cuando ya estaba lo más cerca posible de las olas la tiraba más allá de donde reventaban.

Entonces el filósofo le pregunta curioso, que es lo que estaba haciendo y el personaje le dice: “como quiera que la marea está bajando y el Sol está muy fuerte es casi seguro que las estrellas de mar que no estén en el agua morirán”. El filósofo le repica: “Pero son tantos kilómetros de playa, y tantos miles de Estrellas de Mar que no tiene mayor importancia que salves unas cuantas”.

El muchacho, sin contestar nada recoge otra Estrella de Mar y la lleva hacia el agua tirándola lo más lejos para que quede protegida, y luego retorna hasta donde el filósofo diciéndole: “Para esa Estrella si ha tenido significado” y luego continuo con su cometido.

El Filósofo quedo algo contrariado y luego de meditar en ello toda la tarde, al día siguiente fue a la Playa temprano, busco al muchacho y se quedó el resto del día con el recogiendo “Estrellas de Mar” y tirándolas al agua.


MORALEJA:
Es importante conocer nuestra posición en la vida, saber que hay cosas muy grande y también cosas pequeñas, pero no por eso menos importantes. Es necesario trascender en la naturaleza siendo necesarios e importantes por lo que hacemos por el mundo y no por lo que el mundo hace por nosotros.
(Anónimo)

Donde tus sueños te lleven – Cuento tibetano


Un pequeño gusano caminaba un día dirección al Sol. Muy cerca del camino se encontraba un hormiga, quien le pregunto:

– Hacia donde te diriges?
Sin dejar de caminar contesto:
Anoche tuve un sueño, soñé que desde la punta de la gran  montaña yo miraba todo el Valle ¡me gusto tanto lo que vi en mi sueño que he decidido realizarlo!
La hormiga sorprendida, viendo como su amigo se alejaba, le grito :
-Debes estar loco!¿ como podrás llegar hasta aquel lugar? ¡Si eres una simple oruga!. Una piedra será una montaña para ti, un pequeño charco será un mar y cualquier ramita será una barrera imposible de atravesar.
Pero el gusanito ya estaba lejos y no lo escucho. sus diminutos pies no dejaron de moverse.
De pronto oyó la voz de un escarabajo:
– Hacia donde te diriges con tanto empeño?.
El gusanito le dijo jadeante:
– Anoche tuve un sueño y deseo realizarlo, subiré a esa montaña y desde allí ¡ contemplare todo nuestro mundo!.
– El escarabajo riéndose a carcajadas le dijo — ni yo con patas más grandes que las tuyas, intentaría llegar hasta allí imposible!
La oruga sudando continuo su camino, ya había avanzado unos cuantos centímetros.
También se encontró con una araña, un ciempiés, una rana, una flor… todos le aconsejaron a nuestro amigo que regrese a su casa.
¡ No lo lograras jamás!- le dijeron.
Pero el continuo. En su interior había un impulso que lo obligaba a seguir.
Ya agotado, sin fuerzas, decidió parar a descansar…
– estaré mejor – fue lo ultimo que dijo y murió.
Todos los animales del Valle se reunieron alrededor de él, lo consideraban alguien que murió por querer realizar un sueño irrealizable.
Una mañana en la que el Sol brillaba intensamente todos los animales se volvieron a juntar entorno aquello que se había convertido en una advertencia para los atrevidos.
De pronto quedaron atónitos. aquel armazón duro comenzó a quebrarse y con asombro vieron nos ojos y una antena que no podía ser la de la oruga que creía muerta.
Poco a poco, fueron saliendo unas hermosas alas de colores del Arco Iris. Aquel impresionante ser que tenia frente a ellos era Mariposa. todos se quedaron….. sin palabras. Pudieron contemplar como se fue  volando hasta la Gran Montaña a realizar su sueño.
El sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.
Donde tus sueños te lleven.


EL NIÑO QUE PUDO HACERLO...


Dos niños llevaban toda la mañana patinando sobre un lago helado cuando, de pronto, el hielo se rompió y uno de ellos cayó al agua.

La corriente interna lo desplazó unos metros por debajo de la parte helada, por lo que para salvarlo la única opción que había era romper la capa que lo cubría.

Su amigo comenzó a gritar pidiendo ayuda, pero al ver que nadie acudía buscó rápidamente una piedra y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas.

Golpeó, golpeó y golpeó hasta que consiguió abrir una grieta por la que metió el brazo para agarrar a su compañero y salvarlo.

A los pocos minutos, avisados por los vecinos que habían oído los gritos de socorro, llegaron los bomberos.

Cuando les contaron lo ocurrido, no paraban de preguntarse cómo aquel niño tan pequeño había sido capaz de romper una capa de hielo tan gruesa.
-Es imposible que con esas manos lo haya logrado, es imposible, no tiene la fuerza suficiente ¿cómo ha podido conseguirlo? -comentaban entre ellos.

Un anciano que estaba por los alrededores, al escuchar la conversación, se acercó a los bomberos.
-Yo sí sé cómo lo hizo -dijo.
-¿Cómo? -respondieron sorprendidos.

-No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo.

El árbol tramposo


Érase una vez, un bosque subyugado, en donde hubo un largo largo tiempo en que la luz del sol no llegaba. En la entrada y hacia la derecha del pino azul detrás de los alerces, donde se asoma el viejo roble, hasta allí llegó la niña aterrada, casi al borde de las lágrimas porque equivocó su camino, en ese bosque había un árbol tramposo que impedía su visión, ella a pesar de su gran temor caminó cautelosa y mansamente, en su andar se encontró con una gran y oscura charca en la que vivía un sapo muy inteligente que sin darse cuenta la fue guiando lentamente por el bosque hasta llegar al corazón de la fronda, para luego desaparecer…

Tras un largo caminar entre sombras y brincos, la niña abrió sus ojos y lo hizo con desmesura, no podía creer lo que estaba viendo… observó que habían castaños y cedros que lucían un brillo especial que venía de su interior, que miles de estrellas bajaron y se prendieron iluminando todo su entorno. Que las mariposas salieron de su capullo abriendo y cerrando sus alas a su alrededor, que las hojas susurraron uniéndose al coro de la improvisada fiesta. Todo se ha dado en un abrir y cerrar de ojos dijo la niña en su interior.

Su corazón saltaba jubilosamente, ciertamente ha sido difícil, imposible olvidar lo vivido en el bosque subyugado donde todo ha sucedido. Ella, a pesar del influjo de esa algarabía se dispuso avanzar y progresar sobre sus propios pasos, tras esa decisión valiente, una nube de luciérnagas la acompañan a partir de ese momento para guiar su camino, sin miedo y sin llantos. Pues supo en su corazón, que así es que nace el futuro cierto, cuando en la conciencia del SER el bien se despierta.

...Meba...

El arma más poderosa

Cuenta una leyenda, que había un lugar donde todos sus habitantes tenían que mantener una intensa lucha con un caballero cuyo rostro se desconocía, pues estaba oculto por una armadura. Nadie había sobrevivido al encuentro con este misterioso ser. Pero este ser no mataba a aquellos con los que se enfrentaba, sino que les volvía locos. Seguían viviendo, pero desde que se habían enfrentado al caballero de la armadura, vivían una vida de sufrimiento y agonía.  
Contaban que había algunos que habían logrado vencer al malvado desconocido, pero nunca se había conocido a nadie, incluso algunos que parecían no estar envueltos en el embrujo de sufrimiento que se padecía al no vencer al desconocido caballero de la armadura, al final acababan por sucumbir. Antes de enfrentarse al misterioso ser, iban a un lugar donde podían escoger una entre las innumerables armas que allí había. Se podían contemplar grandes y fuertes armaduras, para así aguantar los ataques del misterioso ser. También afiladas espadas o precisos arcos con infinitas flechas. Había infinidad de armas en aquel lugar, donde todos, antes de enfrentarse a aquel caballero desconocido, iban para armarse. Un día cualquiera, llegó el turno de un habitante de aquel lugar. Se dirigió a aquel lugar recóndito y oculto, para así elegir el arma con el que enfrentarse a aquel malvado caballero. Hacía unos días, el joven supo que el momento del enfrentamiento se acercaba, así que fue a ver a un hombre que decían que había logrado superar con éxito el enfrentamiento con el caballero de la armadura. Al llegar donde supuestamente estaba aquel hombre, uno de los pocos que habían logrado vencer al misterioso ser y vivir sin el sufrimiento que produce la derrota ante tan temido individuo, se llevó una sorpresa. 
Ante él no vio a un fuerte soldado, como pensaba. Tampoco vio a un hombre rico, que con su dinero habría podido sobornar al misterioso ser, como había imaginado. Vio a un hombre que tranquilamente regaba unas lindas flores. Se acercó a él y le preguntó por el hombre a quien cuidaba las flores, esperando que este le llevase ante su soberano, quien debía ser un rey, alguien muy fuerte o un poderoso mago. Le dijo que allí no había nadie, que sólo estaba él. El joven no se lo creía, pensaba que era imposible que alguien como aquel hombre hubiera salido impune de tan fatídico encuentro con aquel ser.  Aquel hombre ni siquiera vivía en unas lejanas tierras, donde poder alejarse lo más posible del sufrimiento de la gente que no había logrado vencer al caballero oculto de la armadura. Vivía cerca de la gente, del sufrimiento, pero ¿tal vez habría sido capaz, sin necesidad de dinero, fuerza o magia, vencer a tan duro adversario?
Aquel hombre le dijo al joven, que en el lugar oculto donde se escoge el arma para enfrentarse a tan duro rival, estaba el arma más poderosa jamás creada, con la que él había logrado vencer al misterioso ser. Le recordó que tenía que elegir bien, ya que tan sólo podría elegir una, y que no se dejara llevar por la obviedad ni por lo que él creía, que mirará un poco más allá, que observara más profundamente. Le dijo que aquella arma  era invencible. Que la utilización de esa arma podía curar y que podía ayudar tanto al que la empuña como a quienes va dirigida.
Sin saber muy bien a que se refería aquel extraño hombre, sin encontrar mucho sentido a aquellas extrañas palabras, se dirigió al lugar donde podría armarse y así enfrentarse al enemigo más duro con el que jamás nadie se había enfrentado. Un enemigo casi invicto, un enemigo que casi siempre ganaba a sus adversarios y que les cambiaba de tal manera, que les dejaba viviendo en un constante sufrimiento.
Una vez llegado a aquel lugar, echó un vistazo a su alrededor. Vio lo que tantos ya habían visto anteriormente. Observó una espada, con la que pensó que tendría muchas opciones de ganar tan dura batalla, pero entonces recordó las palabras del extraño hombre que había vencido al ser de la armadura. Las palabras de aquel hombre resonaron en su mente con gran claridad, le había dicho:
“que no se dejara llevar por la obviedad ni por lo que él creía, que mirará un poco más allá, que observara más profundamente. Le dijo que aquella arma era invencible. Que la utilización de esa arma podía curar y que podía ayudar tanto al que la empuña como a quienes va dirigida”.
Tras recordar las palabras del hombre, entendió que la espada no era el arma con la cual podría batir a su oponente. Siguió mirando. Vio un hacha, un llamativo arco con sus respectivas flechas, una ballesta, un cuchillo, y así infinidad de armas que no se acercaban a la definición que aquel hombre le había hecho sobre el arma a elegir.

Estuvo un rato allí observando, y llegó un momento en el que aceptó que no entendía nada, que no sabía que arma elegir ni a que arma se refería el hombre que había conocido regando unas plantas. En ese momento, giró la cabeza para volver a ver a aquellas armas, y entonces llevó a la práctica aquellas palabras que el misterioso jardinero le había dicho. No se dejó llevar por lo que él creía ni por la obviedad, y mirando más profundamente, ocurrió.  
Con tremendo júbilo se acercó a aquella arma, el arma con la que vencería al misterioso ser, y la cogió con sus dos manos.Tras salir del recóndito lugar, con el arma entre sus manos, vio como se acercaba hacía él, con paso firme y decidido, aquel ser cuyo rostro se ocultaba tras una armadura. El ser se acercó hacía el joven, y con una inmensa espada en sus manos, se preparó para atacarle. Cuando estuvo cerca de él, el joven estiro ambas manos, donde sujetaba el arma más infalible jamás creada. La armadura del aquel ser se empezó a caer, pieza a pieza, hasta que por fin se pudo observar su rostro. Para sorpresa e incredulidad del joven, aquel ser tenía su misma cara.
 -Me has vencido –le dijo aquel ser-. Has utilizado el arma más poderosa e infalible. Con ella, eres invencible y poderoso.  
Aquel ser desapareció, y nunca le volvió a molestar. Escuchó que muchos otros seguían enfrentándose a aquel misterioso ser, que seguían perdiendo ante él. Al no entenderlo muy bien, se dirigió al hombre que conoció antes de haberse enfrentado al ser, el extraño jardinero.  
Una vez allí, se acercó a él,  y el hombre le dijo: 
  • Así que le has vencido, me alegro por tí.
  • Sí, aunque no entiendo algunas cosas que han ocurrido –dijo el joven esperando ayuda.
  • No has de intentar entender nada. Es precisamente cuando aceptas tu limitación, cuando entiendes que no entiendes nada, cuando sabes que lo que se considera obvio no lo es, cuando irás teniendo la capacidad para ver más profundamente. El gran enemigo es la falsa identificación con uno mismo. Es en ese momento cuando irás viendo con más claridad, y es entonces cuando sabrás, que el arma más poderosa no es una espada, un hacha o un arco, el arma más poderosa y con la que siempre vencerás y ayudarás a los demás y a ti mismo, es el Amor.  

El joven entonces abrió las manos y le ofreció a aquel hombre el arma con la que venció al más terrible oponente, una simple pero bella flor, representación del Amor. Así que tenlo siempre en cuenta, que las palabras de odio, de culpa, de ira, no te hacen más fuerte, sino que siguen alimentando al misterioso ser de la armadura con el que te tendrás que batir en duelo, ese es la falsa identificación con lo que crees que eres.  
Ten también presente, que has de vivir con aceptación, y que nada es tan obvio como la mente hace creer, y que jamás entenderás nada desde ella. También que no hay que alejarse del mundo, sino estar en él sin que él esté en tí. Nada del exterior ha de alterar tu profundo estado de Paz, de modo que ya no necesitarás alejarte ni acercarte a nada, ya que todo es perfecto.

Vive con Amor y tranquilidad, entonces serás invencible. 

Barriendo impurezas

Cuentan que un hombre mayor que había recorrido años y kilómetros en la búsqueda del camino espiritual, topó un día con un monasterio perdido en las sierras. Al llegar alli, tocó a la puerta y pidió a los monjes que le permitieran quedarse a vivir en ese lugar para recibir enseñanzas espirituales.
 
El hombre era analfabeto, muy poco ilustrado, y los monjes se dieron cuenta de que ni siquiera podría leer los textos sagrados, pero al verlo tan motivado decidieron aceptarlo. 
 
Los monjes comenzaron a darle, sin embargo, tareas que, en un principio, no parecían muy espirituales..
 
"Te encargarás de barrer el claustro todos los días" -le dijeron.
 
 El hombre estaba feliz. Al menos, pensó, podría reconfortarse con el silencio reinante en el lugar y disfrutar de la paz del monasterio, lejos del mundanal ruido.

  Pasaron los meses, y en el rostro del anciano comenzaron a dibujarse rasgos más serenos, se lo veía contento, con una expresión luminosa en el rostro y mucha calma. Los monjes se dieron cuenta de que el hombre estaba evolucionando en la senda de la paz espiritual de una manera notable. Un día le preguntaron:
 
¿"Puedes decirnos qué práctica sigues para hallar sosiego y tener tanta paz interior?"  
 
 -"Nada en especial. Todos los días, con mucho amor, barro el patio lo mejor que puedo. Y al hacerlo, también siento que barro de mí todas las impurezas de mi corazón, borro los malos sentimientos y elimino totalmente la suciedad de mi alma".
 
"Cuentos Tibetanos"

Las tres preguntas del emperador de Tolstoi



Un cierto emperador pensó un día que si se conociera la respuesta a las siguientes tres preguntas, nunca fallaría en ninguna cuestión. Las tres preguntas eran:

¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa?
¿Cuál es la gente más importante con la que trabajar?
¿Cuál es la cosa más importante para hacer en todo momento?

El emperador publicó un edicto a través de todo su reino anunciando que cualquiera que pudiera responder a estas tres preguntas recibiría una gran recompensa, y muchos de los que leyeron el edicto emprendieron el camino al palacio; cada uno llevaba una respuesta diferente al emperador. Como respuesta a la primera pregunta, una persona le aconsejó proyectar minuciosamente su tiempo, consagrando cada hora, cada día, cada mes y cada año a ciertas tareas y seguir el programa al pie de la letra. Sólo de esta manera podría esperar realizar cada cosa en su momento. 

Otra persona le dijo que era imposible planear de antemano y que el emperador debería desechar toda distracción inútil y permanecer atento a todo para saber qué hacer en todo momento. Alguien insistió en que el emperador, por sí mismo, nunca podría esperar tener la previsión y competencia necesaria para decidir cada momento cuándo hacer cada cosa y que lo que realmente necesitaba era establecer un “Consejo de Sabios” y actuar conforme a su consejo.

Alguien afirmó que ciertas materias exigen una decisión inmediata y no pueden esperar los resultados de una consulta, pero que si él quería saber de antemano lo que iba a suceder debía consultar a magos y adivinos.

Las respuestas a la segunda pregunta tampoco eran acordes. Una persona dijo que el emperador necesitaba depositar toda su confianza en administradores; otro le animaba a depositar su confianza en sacerdotes y monjes, mientras algunos recomendaban a los médicos. Otros que depositaban su fe en guerreros.

La tercera pregunta trajo también una variedad similar de respuestas.

Algunos decían que la ciencia es el empeño más importante; otros insistían en la religión e incluso algunos clamaban por el cuerpo militar como lo más importante. Y puesto que las respuestas eran todas distintas, el emperador no se sintió complacido con ninguna y la recompensa no fue otorgada. 

Después de varias noches de reflexión, el emperador resolvió visitar a un ermitaño que vivía en la montaña y del que se decía era un hombre iluminado. El emperador deseó encontrar al ermitaño y preguntarle las tres cosas, aunque sabía que él nunca dejaba la montaña y se sabía que sólo recibía a los pobres, rehusando tener algo que ver con los ricos y poderosos.

Así pues el emperador se vistió de simple campesino y ordenó a sus servidores que le aguardaran al pié de la montaña mientras él subía solo a buscar al ermitaño. 
Al llegar al lugar donde habitaba el hombre santo, el emperador le halló cavando en el jardín frente a su pequeña cabaña. Cuando el ermitaño vio al extraño, movió su cabeza en señal de saludo y siguió con su trabajo.

La labor, obviamente, era dura para él, pues se trataba de un hombre anciano, y cada vez que introducía la pala en la tierra para removerla, la empujaba pesadamente. El emperador se aproximó a él y le dijo: “He venido a pedir tu ayuda para tres cuestiones:

¿Cuál es el momento más oportuno para hacer cada cosa? 
Quienes son las personas más importantes con las que uno debe trabajar? 
¿Qué cosa es la más importante que hacer en todo momento? 

El ermitaño le escuchó atentamente pero no respondió. Solamente posó su mano sobre su hombro y luego continuó cavando. 
El emperador le dijo: “Debes estar cansado, déjame que te eche una mano”. El eremita le dio las gracias, le pasó la pala al emperador y se sentó en el suelo a descansar. Después de haber acabado dos cuadros, el emperador paró, se volvió al eremita y repitió sus preguntas. El eremita tampoco contestó sino que se levantó y señalando la pala y dijo: “¿Por qué no descansas ahora? Yo puedo hacerlo de nuevo”. Pero el emperador no le dio la pala y continuó cavando. Paso una hora, luego otra y finalmente el sol comenzó a ponerse tras las montañas. 

El emperador dejó la pala y dijo al ermitaño: “Vine a ver si podías responder a mi tres preguntas, pero si no puedes darme una respuesta dímelo para que pueda volverme a mi palacio”. El eremita levantó la cabeza y preguntó al emperador: “¿Has oído a alguien corriendo por allí?”. El emperador volvió la cabeza y de repente ambos vieron a un hombre con una larga barba blanca que salía del bosque.

Corría enloquecidamente presionando sus manos contra una herida sangrante en su estómago. El hombre corrió hacia el emperador antes de caer inconsciente al suelo, dónde yació gimiendo. Al rasgar los vestidos del hombre, emperador y ermitaño vieron que el hombre había recibido una profunda cuchillada. El emperador limpió la herida cuidadosamente y luego usó su propia camisa para vendarle, pero la sangre empapó totalmente la venda en unos minutos. Aclaró la camisa y le vendó por segunda vez y continuó haciéndolo hasta que la herida cesó de sangrar.  

El herido recuperó la conciencia y pidió un vaso de agua. El emperador corrió hacia el arrollo y trajo un jarro de agua fresca. Mientras tanto se había puesto el sol y el aire de la noche había comenzado a refrescar. El eremita ayudó al emperador a llevar al hombre hasta la cabaña donde le acostaron sobre la cama del ermitaño. El hombre cerró los ojos y se quedó tranquilo. El emperador estaba rendido tras un largo día de subir la montaña y cavar en el jardín y tras apoyarse contra la puerta se quedó dormido. Cuando despertó, el sol asomaba ya sobre las montañas. Durante un momento olvidó donde estaba y lo que había venido a hacer. Miró hacia la cama y vio al herido, que también miraba confuso a su alrededor; cuando vio al emperador, le miró fijamente y le dijo en un leve suspiro: “Por favor, perdóneme”.

- Pero ¿qué has hecho para que yo deba perdonarte?- preguntó el emperador.

Tú no me conoces, Majestad, pero yo te conozco a ti. Yo era tu implacable enemigo y había jurado vengarme de ti, porque durante la pasada guerra tú mataste a mi hermano y embargaste mi propiedad. Cuando me informaron de que ibas a venir solo a la montaña para ver al ermitaño decidí sorprenderte en el camino de vuelta para matarte. Pero tras esperar largo rato sin ver signos de ti, dejé mi emboscada para salir a buscarte. Pero en lugar de dar contigo, topé con tus servidores y me reconocieron y me atraparon, haciéndome esta herida. Afortunadamente pude escapar y corrí hasta aquí. Si no te hubiera encontrado seguramente ahora estaría muerto. ¡Yo había intentado matarte, pero en lugar de ello tú has salvado mi vida! Me siento más avergonzado y agradecido de lo que mis palabras pueden expresar. Si vivo, juro que seré tu servidor el resto de mi vida y ordenaré a mis hijos y a mis nietos que hagan lo mismo. Por favor, Majestad, concédeme tu perdón.

El emperador se alegró muchísimo al ver que se había reconciliado fácilmente con su acérrimo enemigo, y no sólo le perdonó sino que le prometió devolverle su propiedad y enviarle a sus propios médicos y servidores para que le atendieran hasta que estuviera completamente reestablecido. 

Tras ordenar a sus sirvientes que llevaran al hombre a su casa, el emperador volvió a ver al ermitaño. Antes de volver al palacio el emperador quería repetir sus preguntas por última vez; encontró al ermitaño sembrando el terreno que ambos habían cavado el día anterior.

El ermitaño se incorporó y miró al emperador. “Tus preguntas ya han sido contestadas”.

- Pero, ¿Cómo?- preguntó el emperador confuso.
Ayer, si su Majestad no se hubiera compadecido de mi edad y me hubiera ayudado a cavar estos cuadros, habría sido atacado por ese hombre en su camino de vuelta. Entonces habría lamentado no haberse quedado conmigo. Por lo tanto el tiempo más importante es el tiempo que pasaste cavando los cuadros, la persona más importante era yo mismo y el empeño más importante era el ayudarme a mí. Más tarde, cuando el herido corría hacia aquí, el momento más oportuno fue el tiempo que pasaste curando su herida, porque si no le hubieses cuidado habría muerto y habrías perdido la oportunidad de reconciliarte con él. 

De esta manera, la persona más importante fue él y el objetivo más importante fue curar su herida. Recuerda que sólo hay un momento importante y es ahora. El momento actual es el único sobre el que tenemos dominio. La persona más importante es siempre con la persona con la que estás, la que está delante de ti porque quien sabe si tendrás trato con otra persona en el futuro. El propósito más importante es hacer que esa persona, la que está junto a ti, sea feliz, porque es el único propósito de la vida. 

Se Habla del servicio social, el servicio a la gente, el servicio a la humanidad, el servicio a los que están lejos, pero a menudo olvidamos que es la propia gente que nos rodea por la que debemos vivir en primer lugar. Si no puedes ayudar a tu familia, ¿cómo puedes servir a la sociedad? Si no puedes hacer feliz a tu entorno inmediato, ¿cómo esperas hacer feliz a nadie más? 

La palabra servicio es inmensa: la palabra social es igual de inmensa. Regresemos lo primero de todo a una escala más modesta:


Nuestras familias, nuestros compañeros, nuestros amigos, nuestra propia comunidad. Debemos vivir para ellos, porque sino podemos vivir para ellos ¿para quien mas creemos que estamos viviendo?

La luz oculta

Atardecía, entraba la noche y a lo lejos en el horizonte se ocultaba el último rastro de luz. Un manto oscuro envolvía lentamente el cielo, aquel hermoso cielo que parecía un mar, cuando la luz radiante del sol lo acariciaba dulcemente y que daba paso a esa esfera platino, que se apreciaba en esa inmensidad oscura.

Cerca de ella se encontraba una pequeña estrella. Titilaba como nerviosa por la luz platino que recibía. Y se preguntaba a sí misma ¿por qué la Luna siempre parecía como afligida? La pequeña estrella no se atrevía a decírselo, era muy tímida, pero su poder interior de ayudarla y verla feliz pudo más que sus propios miedos; sigilosamente se le acercó, y ya frente a ella le preguntó:

Luna ¿Por qué siempre estás tan triste y seria? si eres luminosa y tan grande, gracias a tu luz platino, cada anochecer alumbras senderos, lagos y valles, en una forma tan sutil. En cambio yo, soy tan pequeña, no tengo la luz suficiente para llegar hasta ellos y chispeo alegremente por el hecho de que existo. ¿Sabías tú, que cada titilo es una sonrisa?

Y la luna que escuchaba con atención, le replica:

¡Estrella! es que siempre estoy rodeada de tanta oscuridad, sueño con ser el sol, tener una luz fuerte y brillante. Quiero dar calor a todos los seres de la Tierra y transformar las noches en días hermosos, quiero dar luz, y bien sabes Estrella, la luz es vida para todos, quiero ser como el sol que regala a otros su luz y calor.

Ummmmm, Estrella con más firmeza le responde: ¡Luna! ¿Y esa es la razón de tu tristeza? Si, respondió la Luna.

Escucha mi querida Luna, eres grande, eres hermosa, no tienes que sentirte triste, voy a decirte algo, y te pido lo medites: lo importante no es desear, ni querer ser como otros, sino mostrarnos tal como somos, sin buscar a quien parecernos, porque con nuestros defectos y virtudes somos parte importante de un todo. Somos una pieza única del Universo, y gracias a esa maravillosa verdad, somos y existimos. Por un instante, trata de imaginarte ¿qué sería la noche sin ti? Tú vales muchísimo, a pesar de que la luz que nos proyectas puede ser tenue. Sigues siendo importante para todos los seres de la tierra, iluminas, marcas el tiempo con tus variadas y hermosas formas, inspiras amor, sentimientos y las más bellas melodías. No veo razón para tu tristeza Luna.

La Luna pensativa; responde: ¡Tienes razón Estrella! me has dado tremenda lección de humildad, me has enseñado que valorando y amando lo que ya poseemos nos colma de infinitas bendiciones, nos abre los ojos del alma, nos permite apreciarnos en todo nuestro esplendor. Somos tan inmensamente grandes o tan pequeños, esa apreciación dependerá, de la perspectiva que tengamos de nuestra propia esencia.

Gracias Estrella, eres pequeñita pero con una inmensa luz interior. Gracias por sonreírnos, tus sonrisas me recuerdan, que podemos ser luz en la inmensa oscuridad. Desde ese momento se hicieron grandes amigas, la Luna más nunca sintió tristeza, por el contrario, se dio cuenta que su luz platino era hermosa y reluciente, y aunque no era tan grande y luminosa como el sol, era capaz de alumbrar la oscuridad con su manto de platino.

A partir de ese día, la Luna aprendió a soltar y a amar todas sus emociones, aprendió a SER ella misma en todas sus fases, incluso, en su fase más oscura, aprendió, que siempre en su interior brilla la más hermosa luz, una luz única y perfecta. Y en cada amanecer agradece, allí en el horizonte sus infinitos dones de amor y luz.

...Meba...

El Agua que quería ser Fuego...



"Ya estoy cansada de ser fría y de correr río abajo. Dicen que soy necesaria. Pero yo preferiría ser hermosa. Y encender entusiasmos. Y hacer arder el corazón de los enamorados y ser roja y cálida. Dicen que yo purifico lo que toco, pero más fuerza purificadora tiene el fuego. Quisiera ser fuego y llama. Así pensaba en Septiembre el agua de un río de montaña. Y como quería ser fuego, decidió escribir una carta a Dios y pedir que cambiara su identidad.
"Querido Dios: tú me hiciste agua. Pero quiero decirte con todo respeto que me he cansado de ser transparente. Prefiero el color rojo para mí. Desearía ser fuego. ¿Puede ser? Tú mismo, Señor te identificaste con la zarza ardiente y dijiste que habías venido a poner fuego en la tierra. No recuerdo que nunca te compararas con el agua. Por eso, creo que comprenderás mi deseo. No es un simple capricho. Yo necesito este cambio para mi realización personal".
El agua, salía todas las mañanas a su orilla para ver si llegaba la respuesta de Dios. Una tarde pasó una lancha muy blanca y dejó caer al agua un sobre muy rojo. El agua lo abrió y lo leyó:
"Querida hija: me apresuro a contestar tu carta. Parece que te has cansado de ser agua; yo lo siento mucho porque no eres un agua cualquiera. Tu abuela fue la que me bautizó en el Jordán, y yo te tenía destinada a caer sobre la cabeza de muchos niños. Tú preparas el camino del fuego. Mi Espíritu no baja a nadie que no haya sido lavado por ti. El agua es siempre primero que el fuego".
Mientras el agua estaba embebida leyendo la carta, Dios bajó a su lado y la contempló en silencio. El agua se miró a sí misma y vio el rostro de Dios reflejado en ella.
Y Dios seguía sonriendo, esperando una respuesta. Ella comprendió que el privilegio de reflejar el rostro de Dios, sólo lo tiene el agua limpia. Suspiró y dijo:" Sí Señor, seguiré siendo agua, seguiré siendo tu espejo. Gracias".
Todos tenemos un propósito en la vida y lo que se nos de, debe ser recibido con alegría! Cuántas veces queremos ser otra persona, ser diferentes. Pero no nos damos cuenta que somos quiénes somos, y hacemos lo que hacemos, porque somos únicos y cada uno tiene un propósito en esta vida.

La historia de Juanito


Esta es la historia de Juanito,

un niño como cualquier otro...

Al nacer Juanito no existía como tal, no había nadie que dijese, pensase o sintiese "ser Juanito". Simplemente existía un ser en total sintonía con el medio ambiente. Se sentía fusionado con todo lo que le rodeaba y en particular con su mamá. Para él: ella y él eran lo mismo. Respondía sensiblemente al medio que lo rodeaba, se sentía parte de todo. Conforme fue creciendo se vio envuelto en un gran dilema: en primer lugar dejó de sentir que él y su madre eran uno solo, que formaban una misma entidad inseparable y, lentamente fue dándose cuenta de que él y ella formaban 2 entidades separadas y diferenciadas... esto ocurrió de forma gradual por supuesto, no fue de sopetón, sino que sucedió poco a poco, lentamente... Ahí fue conociendo y tomando forma algo que ahora nos parece muy familiar. Dos palabras de inmensa importancia en nuestras vidas: "Yo" y "Tú".

Primeramente Juanito comenzó a llamar "Yo" a su cuerpo, sus brazos, pies, labios, etc. pero lueguito más delante se dio cuenta que sentía muchas cosas, se enojaba, reía, lloraba, sentía placer al comer o defecar, etc, entonces lentamente fue poniéndole "Yo" también a esas sensaciones que vivía por dentro y... más tardecito comenzó a darse cuenta que podía ir a muchos mundos, estar en tantos sitios como quisiera, hacer infinidad de cosas con tan sólo imaginarlas y pensar en ellas y ni tardo ni perezoso llamó "Yo" a esos pensamientos, imaginaciones y sueños que tenía. Ese "Yo" iba creciendo y tornándose más y más complejo a medida que crecía y se relacionaba con su entorno inmediato, en especial con sus padres.

A cierta edad Juanito se vio en un dilema terrible, en una disyuntiva enorme, como si con unas tijeras invisibles hubiesen cortado su cuerpo en dos... Ciertas cosas que gustaba hacer no eran permitidas ni aceptadas: llenarse de lodo, romper los platos, gritar y reír a todo pulmón, correr por la casa. Comenzó a darse cuenta que por algunas cosas que realizaba era premiado y por otras, a veces hasta por las mismas, era castigado... Juanito no entendía porque no podía hacer lo que quería, lo que le daba la gana. Tenia ganas de llorar y su papá le decía: "los niños no lloran" Tenía ganas de gritar o de reír y su mamá de decía: "silencio, tu papá está trabajando" etc... Podría alargar el cuento inmensamente, pero vale decir únicamente que Juanito inmerso en este problema tuvo que escoger entre actuar o hacer unas cosas que no deseaba pero que lo calificaban de "bueno" y entre otras que lo calificaban de "malo". Tuvo que ceder gran parte de su vida en aras de no perder el amor, la aceptación y la valía a los ojos de sus seres amados, aquellos que en ese momento le parecían dioses que todo lo sabían, todo lo podían, todo lo hacían...

Juanito creó una estrategia adaptativa o contramanipulativa, es decir: un caparazón que le permitiera defenderse de lo que consideraba peligroso y a la vez relacionarse con el medio y conseguir ser querido y aceptado. Construyó un personaje de ficción, acorde a lo que él creía le ayudaría a conseguir sus deseos o a no sentir tan duramente la frustración de no poder realizarlos; uno muy bueno, muy eficaz: toda una obra de arte que le ayudaba a relacionarse con su entorno inmediato y a conseguir en parte esa consideración positiva que necesitaba, o al menos, a no sentirse tan mal por no obtenerla. Lentamente y con el paso de los años fue perfeccionado su estrategia, agregándole colorido e identificándose con ese personaje de tal forma que desde entonces lo llama "Yo".

Con el transcurrir del tiempo, 20, 30, 40 o 50 años después, Juanito descubre información nueva que le permite darse cuenta que su forma de concebir, sentir y encarar la vida no es toda la realidad ni la única que existe. Que en el proceso de la formación de su personalidad, la misma que le ha permitido sobrevivir e interactuar con el medio ambiente, perdió o dejó de lado muchos talentos y virtudes y un mundo lleno de posibilidades. Se da cuenta que existen muchas formas de ver, sentir e interpretar la vida. Que cada ser humano la filtra e interpreta de forma distinta y que, sin embargo, comparte con los demás un cierta estructura en común.

Dicha estructura puede diferenciarse dentro de una de las Nueve Formas o estategias distintas de encarar la vida y lo mejor de todo: descubre que es posible conocer cuál es el personaje, guión o libreto que ha venido representando durante toda la vida; y no sólo reconocerlo sino abrir un abanico enorme de posibilidades: para relacionarse, para actuar y desenvolverse, para responder de forma distinta a como lo ha venido haciendo durante mucho tiempo creyendo erróneamente que esa era la mejor forma de vivir; la única que existía. Recuperando así, la frescura, vitalidad, flexibilidad y espontaneidad en la forma de organizar y responder a la vida. Dicho de otra forma, pasa a ser director de la obra en lugar de ser un mero personaje.

Juanito comienza a darse cuenta que gran parte del sufrimiento que ha experimentado ha sido producto de la desconexión de si mismo, y por no saber quién es en realidad y vivir de acuerdo a una estrategia que en la infancia y en algún momento en especifico resultó de mucha utilidad pero ahora se ha vuelto obsoleta: le restringe, constriñe, encorseta y no le permite respirar. Y además, se da cuenta que la inmensa mayoría de los seres humanos están viviendo de la misma forma: representando un personaje que creen son ellos mismos. Lo cual no le da alegría porque ya sabemos que "mal de muchos es consuelo de tontos".

Entonces Juanito comienza a entender todo el cúmulo de experiencias que conforman su vida desde otra perspectiva y quizá a través de sumergirse en sí mismo, de Auto-conocerse y reconocer su patrón habitual de conducta pueda poco a poco ir despejando el camino y abriéndose hacia nuevas posibilidades de responder y responsabilizarse de sí mismo y de su vida. Puede que se dé cuenta y tome conciencia de que muchas de sus insatisfacciones provienen de responder de la misma forma a situaciones enteramente distintas, en lugar de hacerlo de forma sensible, espontánea y libre...

Tal vez entonces a través de ensayar en su propia vida, cambiar el rumbo, virar un poco... su vida comience a mostrar resultados más enriquecedores... En esas anda Juanito, probando formas alternas de relacionarse, de mirar y concebir el mundo, de sentir, vivir y expresarse.

Vaya historia, no??


No les parece que es tiempo para comenzar y
SER mejores de lo que ahora somos..
Ser lo que si somos Seres hermosos colmados
de maravillosos dones
Comencemos pues!!!!!

..............MEBA..............

El cuento de las arenas


Un río, desde sus orígenes en lejanas montañas, después de pasar a través de toda clase y trazado de campiñas, al fin alcanzó las arenas del desierto. Del mismo modo que había sorteado todos los otros obstáculos, el río trató de atravesar este último, pero se dio cuenta de que sus aguas desaparecían en las arenas tan pronto llegaba a éstas.

Estaba convencido, no obstante, de que su destino era cruzar este desierto y sin embargo, no había manera. Entonces una recóndita voz, que venía desde el desierto mismo le susurró:
"El Viento cruza el desierto y así puede hacerlo el río"
El río objetó que se estaba estrellando contra las arenas y solamente conseguía ser absorbido, que el viento podía volar y ésa era la razón por la cual podía cruzar el desierto.
"Arrojándote con violencia como lo vienes haciendo no lograrás cruzarlo. Desaparecerás o te convertirás en un pantano. Debes permitir que el viento te lleve hacia tu destino"
-¿Pero cómo esto podrá suceder?
"Consintiendo en ser absorbido por el viento".

Esta idea no era aceptable para el río. Después de todo él nunca había sido absorbido antes. No quería perder su individualidad. "¿Y, una vez perdida ésta, cómo puede uno saber si podrá recuperarla alguna vez?" "El viento", dijeron las arenas, "cumple esa función. Eleva el agua, la transporta sobre el desierto y luego la deja caer. Cayendo como lluvia, el agua nuevamente se vuelve río"
-¿Cómo puedo saber que esto es verdad?

"Así es, y si tú no lo crees, no te volverás más que un pantano y aún eso tomaría muchos, pero muchos años; y un pantano, ciertamente no es la misma cosa que un río."

-¿Pero no puedo seguir siendo el mismo río que ahora soy?
"Tú no puedes en ningún caso permanecer así", continuó la voz. "Tu parte esencial es transportada y forma un río nuevamente. Eres llamado así, aún hoy, porque no sabes qué parte tuya es la esencial."

Cuando oyó esto, ciertos ecos comenzaron a resonar en los pensamientos del río. Vagamente, recordó un estado en el cual él, o una parte de él ¿cuál sería?, había sido transportado en los brazos del viento. También recordó --¿o le pareció?-- que eso era lo que realmente debía hacer, aún cuando no fuera lo más obvio. Y el río elevó sus vapores en los acogedores brazos del viento, que gentil y fácilmente lo llevó hacia arriba y a lo lejos, dejándolo caer suavemente tan pronto hubieron alcanzado la cima de una montaña, muchas pero muchas millas más lejos. Y porque había tenido sus dudas, el río pudo recordar y registrar más firmemente en su mente, los detalles de la experiencia. Reflexionó: "Sí, ahora conozco mi verdadera identidad". El río estaba aprendiendo pero las arenas susurraron: "Nosotras conocemos, porque vemos suceder esto día tras día, y porque nosotras las arenas, nos extendemos por todo el camino que va desde las orillas del río hasta la montaña"

Y es por eso que se dice que el camino en el cual el Río de la Vida ha de continuar su travesía está escrito en las Arenas.

Awad Afifi el Tunecino